Dios de momentos dificiles?
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.”
— Salmos 91:1
Este versículo no comienza con una promesa aislada, sino con una condición espiritual profunda: habitar. No se trata de una visita ocasional a la presencia de Dios, sino de una vida establecida en Él. Habitar implica permanencia, confianza y dependencia constante. Es decidir que Dios no sea solo un refugio al que acudimos en crisis, sino el lugar donde vivimos cada día.
El salmista nos recuerda que quien elige habitar “al abrigo del Altísimo” encuentra descanso bajo la sombra del Omnipotente. La sombra, en el lenguaje bíblico, representa cercanía y protección. No es una cobertura distante, sino la evidencia de que Dios está lo suficientemente cerca como para cubrirnos con Su misma presencia.
En un mundo marcado por la incertidumbre, el temor y la prisa, este llamado es profundamente pastoral. Dios no promete la ausencia de problemas, pero sí Su presencia fiel en medio de ellos. Morar bajo Su sombra no elimina las batallas, pero redefine cómo las enfrentamos: no desde el miedo, sino desde la confianza en Aquel que gobierna todas las cosas.
Habitar en Dios es una disciplina espiritual diaria. Se cultiva en la oración, en la Palabra, en la obediencia sencilla y en una relación viva con Él. Allí, en ese lugar secreto, el alma aprende a descansar.
Conclusión
Salmos 91:1 nos invita a algo más profundo que buscar protección: nos llama a establecer nuestra vida en Dios. Cuando Él es nuestro hogar, Su paz se convierte en nuestro abrigo y Su presencia en nuestra seguridad.
Pregunta para reflexionar:
¿Estás solo visitando la presencia de Dios en momentos difíciles, o has decidido habitar permanentemente bajo Su abrigo?